La primera ministra de Nueva Zelanda anunció el lunes que el país ha ganado una significativa batalla contra el covid-19. Revisamos los puntos fuertes de una estrategia en la que ojalá se inspirase EEUU.

“No hay grandes contagios locales. Hemos ganado la batalla”, dijo la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, en una rueda de prensa en Wellington el lunes, pocas horas después de dar los primeros pasos hacia el deshielo en las estrictas medidas de confinamiento que ha vivido el país el último mes.

Ardern se mostró optimista pero cautelosa para continuar en el camino hacia el éxito, y señaló que el país podría haber tenido más de 1,000 casos al día si no hubiera aplicado medidas estrictas con urgencia. “Para lograrlo debemos rastrear los últimos casos. Es como buscar una aguja en un pajar”, dijo la mandataria, que anunció que el 11 de mayo volverán a evaluar si rebajan más las restricciones.

El caso de Nueva Zelanda muestra que el éxito frente al coronavirus no significa que podamos volver atrás, a la vida normal. La gente ha de recluirse en su burbuja (el grupo de familiares o amigos con el que están aislados) y con grandes restricciones. La primera ministra señaló que la batalla contra el covid-19 seguirá hasta que no exista una vacuna, algo que no se prevé hasta dentro de 12 o 18 meses.

El país de cinco millones de habitantes ha recibido halagos internacionales por el manejo de la pandemia y se encuentra entre los pocos que pretende erradicarla completamente. El lunes, tenía 1,112 casos confirmados y 19 fallecidos, y una tasa de transmisión del 0.4% frente a la media internacional del 2.5%.

La estrategia neozelandesa

Eliminación en lugar de mitigación

La densidad de la población del país es muy baja, lo cual juega a su favor ya que el virus se contagia mucho más fácilmente en las aglomeraciones. La ubicación remota del país, los pocos vuelos que transitan el país y la facilidad para cerrar sus fronteras también son factores que explican el éxito. El país, además, está gobernado por una sede central (no hay estados, como sucede en EEUU).

Al margen de estos factores, la clave de su éxito parece ser una estrategia que podría aplicarse en cualquier lugar y en la que ojalá se mirase Estados Unidos: actuar rápido y testar ampliamente a la población. Hasta la fecha, el país ha llevado a cabo más de 126,000 tests. En Reino Unido, por ejemplo, un país con una población 13 veces superior a la de Nueva Zelanda, se han llevado a cabo 719,000 tests.

Ardern aplicó medidas drásticas, como el confinamiento para toda la población durante un mes y el cierre total de fronteras, y lo hizo desde el primer momento. El 13 de marzo, la mandataria adoptó el plan de manejo de la pandemia diseñado con Australia para enfermedades como la gripe: dos semanas de aislamiento para los que llegan del exterior, cese de desplazamientos regionales, casos positivos aislados y rastreo de contactos.

Doce días después, cuando el país registraba 102 casos confirmados y ninguna muerte, Ardern optó por el bloqueo total del país en una estrategia de eliminación de la enfermedad en lugar de mitigación que se aplica en muchos otros lugares.

Fue una de las restricciones más duras del mundo desde el principio, con playas, parques infantiles, oficinas y escuelas cerradas, lo mismo que bares y restaurantes, incluso los que ofrecían comida para llevar, a pesar de que el número de infectados era muy bajo.

Los siguientes pasos

Del nivel 4 al 3, la «sala de espera»

Nueva Zelanda pasó el martes del bloqueo de nivel cuatro al tres, lo que significa que la mayor parte de las empresas podrán abrir. Entre los negocios que recuperarán la actividad se encuentran los restaurantes con comida para llevar (los otros tendrán que esperar).

“Podemos decir, con confianza, que no tenemos transmisiones comunitarias en Nueva Zelanda. La clave ahora es mantener eso”, dijo Ardern, que describió el nivel 3 como «la sala de espera». Ahora, el 75% de la economía volverá a operar, de acuerdo con Ardern.

El gobierno señaló que los ciudadanos tendrán que continuar en su “burbuja”: el pequeño grupo de amigos cercanos o familiares con el que han estado hasta el momento, y mantenerse la distancia física de otras personas. Las reuniones masivas continúan prohibidas, los centros comerciales siguen cerrados y la mayor parte de los niños todavía no han vuelto a la escuela. Además, la frontera de Nueva Zelanda permanece cerrada.

Sin confiarse

No hay que volver la espalda, advierten los expertos

Muchos expertos recomendaron la cautela y advirtieron de que un «deshielo» de las medidas de confinamiento demasiado rápido, o no seguido por el público, puede ser muy peligroso.

Entre ellos se encuentra Siouxsie Wiles, microbióloga y profesora de la Universidad de Auckland que señala que “si volvemos la espalda durante solo un minuto, estaremos en riesgo de un serio brote de nuevo”. Wiles recuerda que Nueva Zelanda no dispone de un gran número de unidades de cuidados intensivos, y de ahí la necesidad de la ministra de actuar con celeridad.

El éxito del vecino australiano

El confinamiento se relaja

Australia ha alcanzado un éxito similar al de Nueva Zelanda y, por esta razón, las autoridades reabrieron esta semana, aunque con restricciones, las famosas playas de Sidney a los bañistas y surferos tras un mes cerradas. De forma similar, algunas escuelas comenzaron a impartir clases esta semana.

Australia reportó 12 nuevos casos de coronavirus el martes. El país consiguió reducir la tasa de infección de covid-19 por debajo del 0.5% durante la semana pasada.

 

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