Aunque el hito es esperanzador, se trata solo del comienzo de una serie de estudios necesarios para probar si esta vacuna es segura y efectiva en humanos. Incluso si la investigación avanza sin tropiezos, no estaría disponible para uso generalizado hasta un plazo entre 12 y 18 meses.

Jennifer Haller, una mujer de 43 años residente en Seattle, Washington, se convirtió este lunes en la primera persona en Estados Unidos en recibir una vacuna experimental contra el coronavirus, en el contexto de los esfuerzos científicos para encontrar la cura a esta pandemia que ha causado unos 169,000 contagios y más de 6,500 muertes alrededor del mundo.

Haller forma parte de un grupo de 45 voluntarios sanos que son objeto de la fase uno de la primera prueba en el país, desarrollada por científicos del Instituto de Investigaciones Kaiser Permanente, en Washington. Los doctores han dicho que la vacuna se desarrolló en tiempo récord teniendo en cuenta que fue apenas en diciembre que el brote se originó en China.

Los voluntarios, a quienes se les pagará US$100 por cada visita a la clínica, recibirán dos dosis con un mes de diferencia. Ninguno de ellos corre riesgo de infectarse durante el proceso, pues la vacuna no contiene el coronavirus.

Aunque el hito de este lunes es esperanzador, se trata solo del comienzo de una serie de estudios necesarios para probar si es segura en humanos y si pudiera ser efectiva. Incluso si la investigación avanza sin tropiezos, la vacuna no estaría disponible para uso generalizado hasta un plazo entre 12 y 18 meses, según el doctor Anthony Fauci, de los Institutos Nacionales de Salud (NIH).

A pesar del tiempo que tomará, Fauci dijo este lunes en un comunicado que encontrar una vacuna «es una prioridad urgente de salud pública» y agregó que este nuevo estudio, «implementado a una velocidad récord, es un primer paso importante para lograr ese objetivo».

Los autores del estudio han descrito el estado de ánimo como “moderado». Aun así, consideran que no tiene precedentes el contar con una medicina en fase de prueba a apenas dos meses de desatarse la crisis.

El nombre codificado del medicamento es mRNA-1273 y fue desarrollado por la empresa de biotecnología de Massachusetts Moderna Inc.

No es la primera vacuna en proceso. Docenas de grupos de investigación en todo el mundo están compitiendo para crear una cura. En abril, se espera que otra vacuna experimental contra el coronavirus fabricada por la compañía Inovio Pharmaceuticals, comience su primer estudio humanos en Estados Unidos, China y Corea del Sur.

El experimento de Seattle se inició días después de que la Organización Mundial de la Salud declarara al brote como pandemia, debido a su rápida propagación que ya ha afectado a más de 140 países.

El COVID-19 ha cambiado el tejido social y económico del mundo desde que China identificó por primera vez el virus: los gobiernos han ordenado el cierre de escuelas y negocios, se han restringido los viajes y cancelado los eventos de entretenimiento y deportivos más importantes del mundo. Las personas han sido advertidas de quedarse en casa, para evitar las aglomeraciones.

Washington es el estado donde más muertes se han registrado desde que el virus llegó a Estados Unidos, con 42. A nivel nacional, se han reportado 62 muertes y más de 3,500 contagios.

Una forma más rápida de producir la vacuna

Algunos de los voluntarios, entre 18 y 55 años, recibirán dosis más altas que otros para evaluar qué tan fuertes deben ser las inoculaciones. Los científicos verificarán cualquier efecto secundario y extraerán muestras de sangre para evaluar si la vacuna está acelerando el sistema inmune, en busca de pistas alentadoras, justo como los NIH han hecho anteriormente en ratones vacunados.

“No sabemos si esta vacuna inducirá una respuesta inmune, o si será segura. Por eso estamos haciendo un ensayo clínico «, dijo a la agencia de noticias AP la líder del estudio, la doctora Lisa Jackson. «No estamos en la etapa en que sería posible o prudente administrársela a la población».

La mayor parte de la investigación para una vacuna contra el coronavirus se enfoca en bloquear una proteína llamada spike (pincho o pico) que se adhiere a la superficie del virus, permitiéndole invadir a las células humanas. Si se logra bloquear esa proteína, las personas no se infectarán.

Lo que los investigadores hicieron fue copiar la sección del código genético del virus que contiene las instrucciones para que las células creen la proteína mencionada. Luego encerraron ese «ARN mensajero» en una vacuna.

La idea del proceso es que el cuerpo se convierta en una mini fábrica, produciendo algunas proteínas spike inofensivas. Cuando el sistema inmunológico detecte la proteína extraña, producirá anticuerpos para atacar y estará preparado para reaccionar rápidamente si la persona se encuentra con el virus real.

Esa es una forma mucho más rápida de producir vacunas que como tradicionalmente se crean: cultivando el virus en un laboratorio y preparando inyecciones de versiones muertas o debilitadas de este.

Pero debido a que las vacunas se administran a millones de personas sanas, lleva tiempo probarlas en cantidades lo suficientemente grandes como para detectar efectos secundarios que sean poco comunes.

 

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