Lina Hidalgo dijo que en el mejor de los escenarios es un «solo un deseo» del gobernador y en el peor de los casos un intento cínico por distraer la opinión por las fallas del estado frente a la crisis energética.

“No es el mejor momento para relajar las restricciones relacionadas con el COVID-19”.

Con esta frase, el alcalde Sylvester Turner le salió al paso a la decisión del gobernador Greg Abbott de acabar con las restricciones impuestas desde el año pasado para controlar la propagación del virus.

“Es demasiado temprano”, dijo el mandatario, quien agregó -que- si se considera la cantidad de gente infectada y el pequeño número de personas vacunadas, hay una gran porción de la población que aún es susceptible de contagio.

Abbott anunció la reapertura de todos los negocios al 100% desde este miércoles 10 de marzo y acabó con la orden de usar cubrebocas.

A este se sumó la administradora ejecutiva del Condado Harris, Lina Hidalgo, quien rechazó la medida al señalar que quitar estas medidas que han mostrado ser efectivas no harán a la comunidad más segura.

Dijo que, por el contrario, cada vez que se ha reversado «se ha visto un aumento en las hospitalizaciones». Agregó quer en caso de que eso ocurra «se estará empezando desde el punto más alto, lo cual es inaceptable y peligroso». En esto también hubo coincidencia entre alcalde y administradora ejecutiva.

Finalmente, Hidalgo señaló que la decisión tomada por Abbott es «un deseo» del gobernador y que en el peor de los casos «es un intento cínico por distraer a los texanos de las fallas del Estado por supervisar el sistema eléctrico» durante la reciente tormenta invernal.

 

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