Los temores de una recesión mundial en ciernes se renovaron la semana pasada cuando los mercados se sacudieron por la guerra comercial del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, así como por los datos económicos decepcionantes de Alemania y China.

Por ahora, la economía de Estados Unidos sigue en terreno firme con un fuerte gasto del consumidor que apuntala la expansión más larga del país, ahora en su undécimo año, a pesar de la débil inversión empresarial y la desaceleración de las manufacturas. Desde que Trump asumió el cargo, los salarios han crecido, el mercado de valores ha alcanzado niveles récord y el desempleo se ha mantenido en un mínimo histórico en los últimos 50 años.

Es difícil predecir exactamente si una recesión podría afectar a Estados Unidos o cuándo podría suceder. Pero el desencadenante podría ser una serie de factores: la política comercial de Trump, el debilitamiento de la economía mundial, los efectos menguantes de los recortes de impuestos de 2017 o incluso un calamitoso riesgo de deflación.

He aquí un vistazo a los cinco riesgos principales que podrían desencadenar una recesión en Estados Unidos:

1. Un retroceso en el gasto del consumidor
Con la desaceleración de la inversión empresarial, los consumidores están impulsando la economía de Estados Unidos.

El dinero que los estadounidenses gastan cada día en cafés, automóviles, ropa, etcétera, representa aproximadamente dos tercios del crecimiento económico. Y el hecho de que los estadounidenses no hayan dejado de gastar a un ritmo sólido este año a pesar de una turbulenta guerra comercial con China ha ayudado a equilibrar las debilidades en otros sectores de la economía.

Las ventas minoristas — datos económicos que capturan el gasto en tiendas, restaurantes y en línea — aumentaron en julio, según dijo el Departamento de Comercio el jueves, la lectura más sólida desde marzo, en parte debido al Prime Day de Amazon y otras promociones. Walmart, un referente del gasto de los consumidores estadounidenses, también reportó fuertes ventas en sus grandes tiendas y aumentó su pronóstico para el resto del año.

Pero las preocupaciones sobre una recesión futura también pueden tener el efecto de convertirse en una profecía autocumplida. A medida que los consumidores comienzan a preocuparse por la posibilidad de un empeoramiento de la economía, generalmente sigue el deseo de dejar de gastar tanto y retrasar las mayores compras.

2. La escalada con China
La guerra comercial intermitente de Trump con China ha dejado a los importadores estadounidenses, así como a los agricultores afectados por los aranceles de Beijing como represalia, inseguros sobre lo que vendrá después. Eso ya ha retrasado las decisiones de inversión de las empresas estadounidenses y probablemente continuará por algún tiempo.

En un esfuerzo por evitar dañar la temporada de compras navideñas, la administración Trump acordó la semana suspender los planes de imponer aranceles del 10% sobre US$ 300 mil millones en productos chinos que entrarían en vigencia el 1 de septiembre. Pero la ropa de hombres y mujeres, algunos artículos electrónicos y artículos deportivos de China sí se verán afectados por un impuesto del 10% a partir de aproximadamente dos semanas.

Beijing amenazó con tomar represalias esta semana, a pesar del retroceso en la mayoría de los aranceles que enfrentan los teléfonos celulares y los juguetes fabricados en China. “China no tendría otra opción que tomar las contramedidas necesarias”, según un comunicado de la Comisión de Aduanas Aduaneras del Consejo de Estado del país.

Goldman Sachs y otros analistas ya no esperan que la administración Trump llegue a un acuerdo comercial con China antes de las elecciones de 2020 y anticipan efectos económicos mucho más profundos debido a la guerra comercial.

3. Una desaceleración global
Cinco de las economías más grandes del mundo corren el riesgo de una recesión, y el efecto indirecto podría eventualmente arrastrar la economía de Estados Unidos.

Alemania, la quinta economía más grande del mundo, informó que su economía se contrajo en el segundo trimestre, abriendo la posibilidad de que pueda caer en una recesión total. Se le unió Gran Bretaña, cuya economía también se contrajo por primera vez desde 2012.

El Fondo Monetario Internacional recortó el mes pasado su pronóstico de crecimiento mundial para este año a 3.2%, la tasa de expansión más débil desde 2009. También disminuyó sus expectativas para 2020, a 3.5%.

El fondo advirtió que el crecimiento en 2020 se reduciría en medio punto porcentual si la disputa comercial se intensifica aún más.

En respuesta, los bancos centrales de todo el mundo han recortado las tasas de interés este año para evitar una desaceleración económica mundial. La semana pasada, tres bancos centrales, India, Nueva Zelanda y Tailandia, redujeron agresivamente las tasas más de lo esperado debido a los temores comerciales y la creciente incertidumbre económica.

4. Muy poca inflación
La inflación se ha mantenido históricamente baja tanto en Estados Unidos como en todo el mundo. Es una de las razones por las que Jerome Powell, de la Reserva Federal, ha optado por reducir las tasas por primera vez desde la crisis financiera de 2008.

Los banqueros centrales consideran que la baja inflación es peligrosa porque tiende a pesar sobre las tasas de interés, dándoles menos espacio para estimular la economía durante una recesión. Eso es lo que sucedió en Japón, que ha luchado durante años para impulsar el crecimiento.

“No queremos seguir ese camino”, advirtió Powell a los legisladores en julio.

El último informe de esta semana mostró que la inflación de Estados Unidos subió ligeramente, lo que dio algo de consuelo a los responsables políticos preocupados por la deflación. Pero una desaceleración en el extranjero podría hacer que los precios de la energía bajen, lo que dificultaría que los responsables políticos mantengan a la economía de EE. UU. en la senda constante de inflación del 2%, una señal de una economía saludable.

5. La gran incógnita: el brexit
La decisión del nuevo primer ministro de Gran Bretaña, Boris Johnson, de abandonar los esfuerzos para negociar un “Brexit suave” con la Unión Europea ha creado una incertidumbre económica global adicional.

Johnson prometió que Gran Bretaña abandonaría la Unión Europea el 31 de octubre con o sin un acuerdo, lo que genera preocupación por la escasez de alimentos y medicamentos. Si bien se espera que la economía británica se recupere en el tercer trimestre sin pasar por una recesión, la decisión de retirarse de la UE sin un acuerdo podría desencadenar un retroceso que aceleraría aún más la desaceleración mundial.

 

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