La muerte de Jakelin causó una nueva conmoción en Estados Unidos por la crisis migratoria.

Claudia Maquin, la madre de Jakelin, la niña migrante fallecida en custodia de la Patrulla Fronteriza espera que el Gobierno de Guatemala pueda repatriar los restos de su hija.

La muerte de una niña migrante de origen guatemalteco mientras se encontraba en custodia de la Patrulla Fronteriza causó una nueva conmoción en Estados Unidos y en la región que vive dramas migratorios con la salida masiva de centroamericanos rumbo a ese país, además de un intenso debate antiinmigrante abanderado por el presidente Donald Trump.

Jakelin Caal falleció el pasado viernes a causa de deshidratación, según el informe de la Patrulla Fronteriza. Sin embargo, la familia de la menor de siete años desmintió a las autoridades estadounidenses afirmando que es mentira que la pequeña no había comido ni tomado agua por días.

En una declaración difundida por abogados, el padre de la niña migrante, Nery Gilberto Caal Cuz, dijo que ella parecía estar bien de salud cuando viajó por México hasta la frontera con Estados Unidos.

Según la familia, Jakelin nunca caminó por el desierto durante días antes de que se la llevaran en custodia y había comido y tomado agua durante el trayecto.

Según el Departamento de Seguridad Interior (DHS), el 8 de diciembre Jakelin murió en un hospital de la ciudad de El Paso, en Texas, menos de 24 horas después de que un grupo de 163 migrantes fueran detenidos en una zona remota de Nuevo México.

La cancillería guatemalteca precisó en un informe que la menor después de ser interceptada con el grupo presentó fiebres, vómitos y convulsiones, por lo que fue atendida por paramédicos de la Patrulla Fronteriza y luego llevada al centro médico donde murió.

El DHS anunció que se realizará una investigación por la muerte de la niña y que los resultados se presentarán al Congreso y serán públicos.

«Es bastante doloroso, es muy doloroso, pero qué podemos hacer. Lo que pasó, pasó, pero sí duele», señaló en Guatemala Domingo Caal, el abuelo de la menor de 61 años, que con el paso de los días se ha resignado a la tragedia.

La madre de la menor, Claudia, de 27 años, no habla español y en el idioma indígena maya-q’eqchi’ recuerda que su esposo Nery tomó la decisión de migrar agobiado por la pobreza y la falta de oportunidades en la zona, donde la mayoría de sus pobladores subsiste con la venta de granos de maíz.

La pobreza ese ceba con un 59% de la población guatemalteca, según datos del gobierno, aunque entre las comunidades indígenas este porcentaje se dispara.

«Él se fue por necesidad», señala Claudia, apoyada en la traducción por su suegro Domingo, quien señaló que como agricultores apenas ganan unos seis dólares diarios.

«Cuando él se fue dijo que iba a buscar trabajo allá para poder mantenernos», agregó la mujer con los pies descalzos y enlodados mientras sostiene en los brazos a Angela, de seis meses, la menor de los cuatro hijos del matrimonio.

La cancillería de Guatemala ofreció a la familia de la niña realizar los trámites de repatriación y a la vez informó que el padre fue liberado con un permiso especial por las autoridades migratorias de Estados Unidos.

José Caal, tío de Jakelin, señaló que hasta el momento las autoridades les han explicado que el proceso para que el cuerpo de la menor regrese a su comunidad podría llevar unas tres semanas.

«Ojalá se cumpla el apoyo ofrecido», indicó José, rodeado por otros familiares en la vivienda.

 

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