Con la Cámara de Representantes en manos demócratas y el Senado aún bajo dominio republicano se presagia un tenso pulso político en Washington que le complicará al presidente los últimos dos años en la Casa Blanca.

Esta vez las encuestas indicaron lo que terminaría pasando en la votación final de las elecciones de mitad de periodo y, como se pronosticaba, el Partido Demócrata recuperó el control de la Cámara de Representantes del Congreso, mientras los republicanos reforzaron su dominio en el Senado.

Si bien la “ola azul” que los demócratas prometían y esperaban no terminó verificándose en los resultados, el partido obtuvo una importante victoria al lograr superar los 23 escaños que necesitaban arrebatar a los republicanos para obtener la mayoría. A la mañana del miércoles los demócratas habían logrado 26 puestos y una decena se esperaban definiciones que podrían terminar favoreciéndolos.

Con un Congreso dividido se le dificultará al presidente Donald Trump seguir avanzando su agenda política y es posible que, con un previsible agravamiento de la polarización, vengan dos años de estancamiento político en Washington.

Los demócratas lograron avances más notables en las gobernaciones y para el fin de la jornada del martes habían ganado 5, incluyendo Wisconsin, donde el demócrata Tony Evers derrotó a Scott Walker, quien pocos años atrás era considerado como una estrella ascendente de los republicanos y hasta se postuló para la nominación presidencial en 2016.

Sin embargo, en una serie de mensajes en su cuenta Twitter entre la noche del martes y las primeras horas del miércoles, el presidente no tuvo problemas en calificar los resultados como «gran victoria» y en alabar su desempeño en la campaña destacándose a sí mismo como «el hombre mágico» que habría logrado los triunfos de aquellos candidatos republicanos que él promovió.

La primera reacción del Partido Republicano fue minimizar la derrota haciendo énfasis en que el ‘tsunami’ con que los amenazaban terminó siendo una ‘onda’, como indicó en un comunicado la presidenta del partido, Ronna McDaniels, en el que se refirió al “entusiasmo generado por el presidente Trump” como uno de los factores que habría evitado una derrota más aplastante.

El nuevo balance de poder cambiará la dinámica política en Washington y las estrategias para las presidenciales de 2020, una campaña que, podríamos decir, empezará apenas se terminen de oficializar los resultados de estos comicios.

Bloqueo parlamentario

El primer efecto previsible en el nuevo balance del poder es la paralización de la agenda legislativa del presidente, sobre todo sus planes en inmigración y seguridad y su promesa de una nueva reducción de impuestos.

Trump, que ha acusado de obstruccionismo a los demócratas para explicar fracasos legislativos como la derogación de Obamacare o la imposibilidad de imponer una dura reforma migratoria, pese a que su partido tiene la mayoría en el Congreso, podría estar por conocer lo que es un verdadero bloqueo parlamentario si no afina sus habilidades negociadoras para llegar a consensos con la oposición.

El proceso de formación de leyes se hará previsiblemente más engorroso y puntos importantes para la Casa Blanca, como reforma de las leyes de inmigración que aporte fondos suficientes para la construcción del polémico muro fronterizo con México, podrían no llegar a contar con el respaldo necesario en la Cámara Baja.

De la Casa Blanca parecen estar saliendo mensajes conciliatorios hacia los nuevos dueños de la Cámara Baja. La noche del martes el presidente llamó para felicitarla a la líder de la minoría, Nancy Pelosi, la posible futura presidenta del Congreso.

La asesora presidencial Kellyanne Conway aseguró que el presidente quiere trabajar con los demócratas para avanzar leyes en inmigración, infraestructura y otros puntos donde puedan conseguir acuerdos.

«El presidente ha mostrado que cuando eleva y lidera un asunto que ellos (los demócratas) siguen, ellos se le unirán», dijo Conway en una entrevista con la cadena Fox News recordando la reciente aprobación de una ley para controlar la epidemia de opioides que logró un amplio consenso bipartidista, aunque en su campaña Trump mintiera diciendo que no logró ningún voto demócrata.

Impeachment

Con los demócratas controlando la Cámara Baja, el presidente pierde una importante defensa que hasta ahora lo había protegido de los deseos de algunos de abrir investigaciones contra él y su entorno por la supuesta colusión con operadores de inteligencia rusos durante la campaña presidencial de 2016 y los conflictos de interés que pueden representar sus negocios.

El impeachment o juicio político al mandatario ha sido hasta ahora anatema para el liderazgo del partido, pero está en la lista de tareas inmediatas de muchos de los demócratas que están llegando al Congreso.

Eso presagia un potencial pulso entre los más progresistas que pueden asumir sus victorias como un mandato popular para limitar el poder de un presidente al que consideran que ha violado la ley con negocios no muy bien aclarados y un sector más moderado que puede pensar que no es necesariamente buena estrategia cazar una pelea con un político que se alimenta del debate y lo usa para aglutinar su base electoral.

Quizá antes de llegar a esa instancia, los congresistas decidan ejercer el poder de citación que tienen ahora que controlarán los comités para pedir al presidente que entregue las declaraciones de impuesto que no ha querido mostrar, rompiendo una tradición que marcaba que los aspirantes a la presidencia mostraban el estado de sus finanzas como gesto de transparencia.

Pero el presidente ya dejó claro que no se quedará tranquilo a esperar que los nuevos congresistas decidan investigarlo y advirtió en un mensaje en Twitter que está dispuesto a usar el Senado para resistirlo.
«Si los demócratas piensan que va a desperdiciar Dinero de los Contribuyentes investigándonos en la Cámara de Representantes, entonces nos veremos forzados a considerar investigarlos a ellos por todas las filtraciones de información Clasificada, y mucho más, en el Senado. Es un juego que pueden jugar dos», escribió la mañana del miércoles.

La hora de los moderados
La victoria demócrata se produce en gran medida por el avance de candidatos considerados moderados en distritos en los que el estilo y el discurso del presidente genera rechazo, incluso entre algunos republicanos, un fenómeno que se vio en zonas suburbanas.

Sin embargo, hay nombres destacados entre los nuevos congresistas, como la ’niuyorrican’ Alexandria Ocasio Cortez, considerada una de las representantes del ala más radical del partido por su agenda de socialismo democrático, inspirada en el senador Bernie Sanders. O Rashida Tlaib, en Michigan, la primera musulmana en integrar el Congreso.

Por lo pronto, los más liberales pueden desafiar el liderazgo de Nancy Pelosi, que como líder de la bancada, debería volver a convertirse en presidenta de la Cámara de Representantes, una función que ya ejerció entre 2007 y 2011, cuando se convirtió en la primera mujer en ese cargo.

Durante la campaña, varios candidatos que se presentaban como del ala progresistas dijeron que no respaldarían una nueva presidencia de la congresista de California, falta saber si lo hicieron por conveniencia electoral, considerando que ella suele ser el centro de las críticas republicanas, o por real convicción de que conviene una renovación de la cúpula demócrata en el Congreso.

La ganancia de Trump

No parece que lo sucedido el miércoles pueda contarlo el presidente como una victoria, a lo sumo conjuró una derrota más contundente (gracias a su esfuerzo de campaña, claro, pero a factores como que los demócratas tuvieron que defender más puestos vulnerables en el Senado que los republicanos o que los diseños de distritos y algunas normas electorales benefician a los republicanos).

Sin embargo, el presidente podría sacar provecho de su minoría en la Cámara de Representantes con miras a la reelección en 2020.

Si Washington cae en la parálisis y los próximos dos años no producen ninguna legislación importante o se llegara a un cierre de gobierno por falta de acuerdos sobre el presupuesto, Trump podría terminar convenciendo al electorado que futuros fracasos y el incumplimiento de promesas empeñadas se debe a que no cuenta con el respaldo de la mitad del Capitolio.

Por eso cuando el mandatario alaba a Pelosi, como hizo esta mañana en un tuit asegurando que la demócrata asegurando que «merece ser elegida Presidenta de la Cámara de Representantes por los demócratas. Si se lo complican a lo mejor añadiremos algunos votos republicanos. Ella se ha ganado ese gran honor», es posible que esté haciendo un cálculo electoral más que una cortesía política.

Pero después de meses de campaña virulenta advirtiendo sobre lo pésimo que sería para el país tener a Pelosi como jefa del Congreso (recuerden que Trump advirtió que el crimen y la inmigración ilegal dominaría el país si eso pasaba), las amabilidades con la demócrata pueden ser un regalo envenenado.
Para Trump tener un contrincante bien identificado en el Congreso puede ser de utilidad y Pelosi en esa posición le permitirá convertirla en objeto de su furia tuitera y en emblema del mensaje de campaña para la reelección en 2020.

 

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