Los asuntos fundamentales que permanecen sin resolver en el pacto entre Estados Unidos e Irán (y una incógnita de 300.000 millones de dólares)
El acuerdo de entendimiento entre EE.UU. e Irán, que se dio a conocer el miércoles, se considera como la reapertura del estrecho de Ormuz y una intención de negociar un convenio definitivo sobre casi todos los demás temas.
El presidente Donald Trump lo destacó como un gran triunfo para EE.UU. durante una prolongada conferencia de prensa en la cumbre del G7 que tuvo lugar en Francia.
Posteriormente, ambas naciones confirmaron que el acuerdo se había formalizado de manera electrónica el miércoles y ya estaba en efecto.
Sin embargo, nuevos datos proporcionados por funcionarios estadounidenses en una llamada telefónica con reporteros evidencian que ambos países aún tienen un camino extenso por recorrer para lograr un acuerdo de paz total y abarcador que alcance el objetivo principal de Trump: evitar que Irán consiga desarrollar armamento nuclear.
Trump ha reiterado que el pacto asegura que Irán nunca adquirirá, desarrollará ni producirá un armamento nuclear. Sin embargo, la redacción del acuerdo, que fue leída por los funcionarios durante la llamada, no establece esa garantía.
Por el contrario, la extensión del alto al fuego inicia una arriesgada cuenta atrás de 60 días para que ambas naciones lleguen a un acuerdo nuclear duradero.
La administración de Obama tardó 20 meses en negociaciones para lograr el pacto nuclear inicial con Irán en 2015. ¿Logrará la administración de Trump alcanzar esto en solo dos meses?
Hasta ahora, el texto acordado solo compromete a Irán a disminuir el nivel de enriquecimiento de su uranio altamente enriquecido, bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica.
Un alto funcionario estadounidense calificó esta acción como una «concesión considerable» por parte de Irán.
No obstante, todos los aspectos técnicos sobre cómo se implementará esta reducción y dentro de qué plazos todavía deben ser acordados durante el periodo de 60 días de negociaciones que comenzará después de la firma prevista para este viernes.
Trump también ha afirmado que Estados Unidos no proporcionará fondos a Irán. Este es un aspecto crucial para el presidente, quien ha criticado el pago de 1.700 millones de dólares que realizó la administración de Obama a Irán en 2016.
Con la atención puesta en su legado, Trump ha trabajado para presentar su pacto con Irán como superior al del expresidente Barack Obama, utilizando la cuestión financiera para argumentar que ha tomado una postura más contundente frente a Teherán.
Sin embargo, según el contenido de este acuerdo, Estados Unidos colaborará «con socios regionales para desarrollar un plan definitivo y consensuado, dotado de al menos 300.000 millones de dólares», para la reconstrucción de Irán.
Un alto representante del gobierno de Estados Unidos declaró que el convenio no compromete al país a desembolsar dinero alguno a Irán. Sin embargo, la redacción del convenio es imprecisa y podría permitir que, al final, Estados Unidos realice ciertos pagos a Irán como parte de un arreglo consensuado sobre el conflicto.
Esto podría representar un serio dilema político para Trump y el vicepresidente JD Vance, quienes fundamentaron sus campañas en la promesa de evitar el inicio de nuevas «guerras sin fin».
Es probable que las bases del movimiento MAGA, con una tendencia antiintervencionista, perciban negativamente este convenio, incluso si cualquier posible pago a Irán no proviene directamente del gobierno estadounidense.
Las críticas surgieron rápidamente, incluso entre los miembros del propio partido de Trump. Los legisladores del Congreso demandan sesiones informativas y una aclaración del gobierno respecto al acuerdo, debido a las inquietudes que este suscita.
Algunos miembros del Partido Republicano manifestaron su escepticismo en relación con el acuerdo. Un senador prominente de esa formación lo desaprobó, argumentando que Trump ha concedido demasiado a Irán sin recibir un retorno satisfactorio.
“Las aspiraciones nucleares de Irán no fueron contenidas, y han comprendido que amenazar el Estrecho de Ormuz es efectivo, lo cual sin duda explotarán en el futuro”, comentó el senador saliente Bill Cassidy de Luisiana en una publicación en X, quien sufrió una derrota en las primarias ante un candidato apoyado por Trump.
“Este representa el mayor error en política exterior en varias décadas”, agregó el republicano.
Otros temas importantes también reciben escasa consideración en el acuerdo de una página y media.
Cuando se desató la guerra, Trump aseguró que una de sus prioridades esenciales era evitar que Irán patrocinara a los grupos aliados en la región, como Hezbolá. Esta también era una prioridad para Israel, que se unió a Estados Unidos en el inicio de la guerra y ha mantenido un conflicto paralelo contra dicha milicia respaldada por Irán en Líbano.
El alto el fuego establecido en este primer acuerdo se extiende a Hezbolá. No obstante, el grupo es mencionado de forma limitada en el documento, y no está claro si se exigirá a Irán que retire su apoyo hacia esta organización y otros grupos en la región en la próxima ronda negociadora.
El documento divulgado el miércoles tampoco ahonda en el programa de misiles de Irán, otra cuestión que tanto Trump como el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habían considerado prioritaria al comenzar el conflicto.
Queda por ver si el acuerdo firmado esta semana en Ginebra llevará a un pacto definitivo. El texto estipula un plazo de 60 días para ambas partes, aunque indica que este plazo puede extenderse si es necesario.
Esto podría indicar que ninguno de los dos países tiene un optimismo elevado respecto a la posibilidad de alcanzar un acuerdo más amplio.
En la conferencia de prensa llevada a cabo durante la cumbre del G7, el propio Trump mostró poco entusiasmo acerca de las oportunidades de lograr una paz duradera con Irán.
«Si no se logra en un plazo de 60 días, no hay problema,» afirmó Trump. «Regresamos a los ataques aéreos.».
