Es evidente que el presidente Donald Trump ha construido buena parte de su discurso político en una dirección que muchos latinos no compartimos. Aun así, fue elegido presidente y, nos guste o no, merece el respeto que corresponde a su cargo.
Nadie puede decidir por él si visita Houston o no. Esta ciudad es importante, trabajadora, diversa y orgullosa de su identidad. Pero sí podemos pedir algo muy sencillo: si va a venir, que lo haga pensando también en la gente que vive, trabaja y se mueve todos los días por esta ciudad.
No se trata de odio ni de rechazo personal. Tampoco de negar la importancia de la seguridad presidencial. Se trata de sentido común. Houston ya tiene suficiente tráfico como para agregar cierres de avenidas, bloqueos inesperados y largas filas en plena hora pico, eso es, sin tomar la cantidad de obras que se están desarrollando y afectando esto.
Houston es una ciudad donde conviven muchas culturas, religiones e ideas políticas. Aquí hay personas que votaron por usted, personas que no lo hicieron y muchas otras que simplemente quieren salir a trabajar, regresar a casa y cuidar de sus familias. La ciudad puede recibir a cualquier presidente, pero no debería pagar el precio de una logística que paralice su rutina.
Por eso, señor Trump, si viene, venga en horarios menos complicados. Evite las horas de mayor tráfico, cuando la 610, la 59 o la I-10 ya son una prueba de paciencia para cualquiera. Programe sus eventos de forma que no conviertan el traslado diario de miles de trabajadores en una desesperación adicional.
Entendemos que su seguridad es prioritaria. Pero también debería serlo la tranquilidad de quienes sostienen esta ciudad todos los días: enfermeros, maestros, obreros, repartidores, estudiantes, pequeños empresarios y familias enteras atrapadas en el tráfico.
Houston no le pide que no venga. Solo le pide que venga con respeto por su tiempo, por sus calles y por su gente.
