El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, pide que el presidente sea sacado de su cargo, o bien por la activación de la enmienda constitucional o por un nuevo juicio político en el Congreso.

Luego de que cientos de partidarios del presidente Donald Trump irrumpieron violentamente en el Capitolio el miércoles por la tarde, diversos líderes políticos y funcionarios de la administración consideran que el presidente debería ser destituido de su cargo antes del 20 de enero, de acuerdo con varios medios que citan fuentes sin identificar de diferentes departamentos del gobierno.

De acuerdo con versiones difundidas por CNN citando fuentes del Partido Republicano, algunos pidieron que se invoque la Enmienda 25, que reglamenta la sustitución del mandatario con el argumento de que las acciones del presidente aupando a una nutrida manifestación reunida cerca de la Casa Blanca para que se fuera hasta el Capitolio de Washington fueron lo suficientemente atroces como para destituirlo.
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La mañana del jueves, el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, se convirtió en la voz de más alto nivel en pedir públicamente la separación de Trump de su cargo, a quien considera responsable del asalto del que fue objeto el Capitolio de Washington.

“Lo que pasó en el Capitolio ayer fue una insurrección contra los Estados Unidos incitada por el presidente. Este presidente no debería detentar el cargo un día más. La vía más rápida y efectiva, puede ser aplicada hoy, sería con el vicepresidente invocando inmediatamente la enmienda 25 (de la Constitución) Si el vicepresidente y el gabinete se rehúsan a hacerlo entonces el Congreso debería reunirse para enjuiciar al presidente”, ”, dice Schumer en un comunicado difundido por su oficina.

Si los funcionarios lograran destituir a Trump, posteriormente podrían también votar para negarle la posibilidad de ocupar otro cargo público por el resto de su vida.

También el representante republicano Adam Kinzinger, un frecuente crítico del mandatario, pidió la activación de la Enmienda 25 para sacar a Trump del poder, antes de que asuma el presidente electo Joe Biden.

«Es con pesar que pido, por el bien de nuestra demócracia, que la Enmienda 25 sea invocada», dijo Kinzinger al presentar un video de dos minutos en el que explica sus argumentos.

Sobre la otra posibilidad planteada por Schumer, la de abrir un nuevo impeachment al presidente, aunque se da por descontado que, incluso si hubiera el apoyo bipartidista necesario, no habría el tiempo requerido para completar el juicio político en el Senado.

Sin embargo, la misma tarde del miércoles, la congresista demócrata Ilhan Omar anunció en su cuenta de Twitter que estaba redactando los artículos de impeachment, una acción que empieza en la Cámara de Representantes.

«No podemos permitir que él (Trump) permanezca en el cafo, es un asunto de preservacón de nuestra república y necesitamos cumpli con nuestro juramento (constitucional», escribió Omar, quien recibió el respaldo de varios colegas.

¿Qué dice esta enmienda 25?

La enmienda fue aprobada en 1967, cuatro años después del asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy. En sus primeros puntos establece cómo es el procedimiento para sustituir al mandatario en caso de muerte o renuncia, cosa que se puso en práctica en 1974 cuando el renunciante Richard Nixon dejó el poder en manos de su vicepresidente Gerald Ford.

La Enmienda 25 no fue pensada como mecanismo alternativo para sustituir a un presidente que sea impopular o cuyo juicio ponga seriamente en duda una parte de la población (cosas que se pueden aplicar a Trump). Fue redactada para aclarar el asunto de la sucesión que no estaba bien delineado en la Constitución.

Pero en su sección 4 indica: “Cuando quiera que el vicepresidente y la mayoría, bien de los principales funcionarios de los departamentos ejecutivos o de otro cuerpo que el Congreso pueda proveer por ley, transmitan al presidente pro tempore del Senado y al presidente de la Cámara de Representantes su declaración escrita de que el presidente es incapaz de ejercer los poderes y obligaciones de su cargo, el vicepresidente asumirá inmediatamente los poderes y obligaciones de la oficina como presidente interino”.

El texto señala que el presidente desplazado puede eventualmente escribir a esos mismos líderes del Congreso para explicarles que tal incapacidad ya no existe y reanudar sus funciones, salvo que el vicepresidente y la mayoría del gabinete indiquen en los siguientes cuatro días por escrito que el mandatario sigue estando impedido de gobernar.

En ese momento, el Congreso abre una convocatoria de 48 horas para considerar el asunto en los siguientes 21 días después de recibido ese último texto y decidir si el presidente está en la capacidad o no de ejercer su cargo. Se requieren dos tercios de los votos en ambas cámaras para declarar incapacitado al presidente. En caso contrario el suspendido retomará su cargo.

Hay que recordar que fue incorporada a la Constitución luego de que el presidente Kennedy fuera asesinado a balazos por Harvey Lee Oswald en Dallas, en noviembre de 1962. Si Kennedy hubiera sobrevivido, por la naturaleza de sus heridas en la cabeza que implicaron pérdida de masa encefálica, habría estado cognitivamente limitado y posiblemente en estado vegetal.

Un punto que destacan algunos es que no hace falta una evaluación medida (ni siquiera hace falta que la razón sea demostradamente médica) para invocarla. Es la percepción del vicepresidente y del gabinete la única razón válida, en el entendido de que trabajan cerca del mandatario y saben lo que les pasa.

No es la primera vez que el recurso a la sección 4 de la enmienda es planteado en cuatro años que lleva en la Casa Blanca el magnate inmobiliario devenido en político.

Tras los choques entre supremacistas blancos y grupos antirracistas ocurridos en Charlottesville, Virginia, en agosto de 2017, la congresista demócrata de California Jackie Speier lo planteó públicamente por considerar que Trump exhibía un “comportamiento errático e inestabilidad mental”.

Era la explicación que Speier le daba a la desafortunada reacción del presidente a los eventos en Virginia, cuando culpó a “ambos bandos” de la violencia que dejó muerta a la activista liberal Heather Heyer, equiparando a grupos racistas con defensores de los derechos humanos.

 

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