El éxito inmesurado de “Despacito”, que compite, eso sí, en la versión lanzada por Justin Bieber, pero cuyas tres nominaciones (ciertamente impresionantes) como Grabación del Año, Canción del Año y Dúo del Año incluyen en sus créditos los nombres de Luis Fonsi y Daddy Yankee, quienes, como se sabe ya, romperán el distanciamiento que los llevó a no actuar juntos durante el Latin Grammy para unirse nuevamente en la tarima del Madison Square Garden este domingo.
De ese modo, le pese a quien le pese, el reggaetón se hace responsable de colocar a nuestra cultura en las grandes ligas de este evento, ya que todas las demás categorías que nos incluyen son otorgadas en la ceremonia no televisada y por eso mismo poco vista.
La edición número 60 de los Premios Grammy tendrá como sede la ciudad de Nueva York. Será la primera vez en quince años que la premiación más importante en la industria de la música se celebre fuera de Los Ángeles, donde el Staples Center había sido el foro que los alojaba desde 2004.
Con respecto a la decisión de trasladar la ceremonia al Madison Square Garden, Julie Menin, comisionada del Departamento de Medios y Entretenimiento de la Ciudad de Nueva York, dijo en entrevista para la revista Billboard: “Es algo que muestra la relevancia de Nueva York como capital musical del mundo”.
Hasta hace muy pocos años su lista de nominados y, por ende, de ganadores, presentaba un abrumador número de artistas blancos. Pero en esta edición la Academia busca reivindicarse al reconocer la aportación de artistas negros y latinos a la industria musical de Estados Unidos. La nominación de “Despacito” de Luis Fonsi y Daddy Yankee como Canción del Año, y las de temas de raperos como Kendrick Lamar o JAY-Z son muestra de una apertura a la diversidad.

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