+ Igual que su esposo metiendo las narices donde no le corresponde

+ Una solicitud sin precedentes: Melania Trump pide despedir a un miembro del Consejo de Seguridad de su esposo

Melania Trump ha hecho a su esposo una solicitud que pocas primeras damas hacen de manera directa y pública. Crédito: AP
Las primeras damas suelen ser silenciosas testigos de las pugnas y acomodos del poder dentro de la Casa Blanca, y sin duda que Melania Trump se puede contar entre las más discretas y reservadas de las esposas de los presidentes.

Por eso ha sorprendido en Washington la noticia de que la oficina de la primera dama está exigiendo que sea despedida la asistente de Consejo de Seguridad Nacional, Mira Ricardel, la segunda del consejero Richard Bolton. Se da por descontado que las esposas de los presidentes aconsejan a sus parejas y hasta les asesoran, pero esa asesoría suele ser en privado.

“Es la opinión de la Oficina de la primera dama que ella (Ricardel) no merece más el honor de trabajar en esta Casa Blanca”, dijo a través de un comunicado la portavoz de Melania Trump, Stephanie Grisham.

Ricardel trabaja con Bolton desde abril. La funcionaria tiene una carrera como subsecretaria de Comercio y ha trabajado en los departamentos de Estado y de Defensa.

Según The Wall Street Journal, el primero que reportó sobre la intervención de la primera dama, esta se produce luego de que Ricardel supuestamente amenazara con reducir recursos del Consejo de Seguridad Nacional a la gira que Melania Trump hizo por África si ella no era incluida en el grupo que viajaría.

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De acuerdo con fuentes anónimas citadas por varios medios estadounidenses, Ricardel ha tenido choques con varios integrantes del equipo presidencial, sobre todo con el secretario de Defensa, Jim Mattis, con quien habría tenido conflictos desde los tiempos de la transición previa a la llegada a la Casa Blanca.

Esas mismas fuentes aseguran que el jefe de gabinete de Trump, John Kelly, considera a Ricardel un factor problemático dentro del equipo presidencial y habría estado buscando la manera de sacarla de su cargo.

Ni el NSC ni la Casa Blanca han respondido a los llamados de los medios para conocer su posición y el futuro de la asesora de Bolton, quien la tarde del martes estuvo entre los invitados a la celebración de la festividad india de ‘diwali’.

Pese a ese caracter de testigos silentes en la dinámica del poder, se da por descontado que las primeras damas ejercen algún tipo de influencia en la manera como gobiernan sus esposos. Solo que no lo hacen de manera pública y abierta.

Primeras damas y «asesoras»
La historia registra que la segunda de las primeras damas, Abigail Adams, era la principal asesora (no pagada) de su esposo John Quincy Adams, al punto que los críticos de su gobierno la llamaban “Sra. Presidenta”, en una época en la que el papel de la mujer estaba constreñido a la familia y el hogar.

Más recientemente, Nancy Reagan, esposa de Ronald Reagan, tuvo un papel activo en los movimientos de personal del gobierno republicano de acuerdo con lo que escribió en sus memorias.

En 1987 se rumoraba que ella había sido la fuerza determinante en la campaña que terminó con la salida del entonces jefe de gabinete de su esposo Donald Regan, a raíz del escándalo de la venta de armas a Irán en violación de una ley del Congreso y que casi le cuesta la presidencia a Regan.

Aunque Nancy Reagan nunca dijo en público nada en contra del ex jefe de gabinete, años después, en sus memorias dejó claro que la necesidad de proteger a su esposo la llevó a actuar como la “policía mala” porque “es difícil imaginarse a Ronnie siendo el tipo malo”.

Hillary Clinton también fue una primera dama rodeada de la polémica. Desde sus tiempos en la gobernación de Arkansas, la futura candidata, senadora y secretaria de estado, generó más de un debate por su manera “poco tradicional” de comportarse y lo que algunos percibían como la excesiva injerencia en asuntos de gobierno.

El que en 1993 su esposo Bill la encargara del estudio de la reforma de salud generó críticas de quienes no solo se oponían a la idea de un sistema de salud universal por considerar que era una injerencia gubernamental en negocios privados y la vida de los ciudadanos, además de quienes cuestionaban que la primera dama, un cargo ceremonial no elegido por el voto de los ciudadanos, propusiera políticas públicas.

Ese mismo año, Clinton se vio en el medio de otro embrollo político con el conocido como ‘Travelgate’, el primer escándalo político del gobierno de su esposo que se generó luego del despido de los empleados de la agencia de viajes de la Casa Blanca, una acción de la que algunos responsabilizaron a la primera dama, pero que ella negó ante los investigadores del Congreso, pese a la evidencia que sugería que ella había tenido un papel destacado en los despidos.

 

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